El fin de semana pasado fui a Galicia sin avisar a mis padres, como ya dije. Yo fui en coche hasta Bugallido a la hora de comer con María, Alberto y Pablo, pero me bajé antes de llegar a la casa para dejar que entrasen ellos primeros, llamar a mi madre por teléfono haciéndola creer que llamaba desde Amsterdam para saludar a la concurrencia, y aparecer delante de ella en medio de la conversación. La sorpresa fue morrocotura, y la comida resultó estupenda. Pero lo raro de veras sucedió antes.
Hace muy buen tiempo: mucho sol, y un calorcillo moderado. Llegamos en el coche hablando animados, tomamos la curva en la Santa, me bajo a cien metros de casa, y le digo a María que me fumaré un pitillo para darles tiempo a llegar y saludar. El coche se lleva la conversación y allí me quedo haciendo tiempo, justo delante de la casa de unos vecinos con la que soñé una vez estando en Madagascar. Es mediodía y apenas hay sombras, no se ve a nadie, apenas hay ruidos, parece que estuviese solo en el mundo, pasan los minutos. Y entonces los mecanismos de la memoria se disparan, y mi sueño de entonces me envuelve y lo revivo, y no sé si es un déjà vu o un déjà vécu, pero es como si estuviese releyendo mi diario de viaje...
Morondava, Madagascar. Viernes 3 de agosto, 2007.
Hoy he soñado que iba a visitar a mis padres a Bugallido. No estaban en su casa, sino en la de un vecino que pasaba un tiempo afuera, y así tenían más espacio para una extraña reunión familiar. Yo sabía que dentro de la casa estaban también algunos tíos míos, pero no vi a nadie. Cuando me acercaba al cercado mi padre salió al jardín. "Buenos días", saludé. Yo iba vestido sólo con el traje de baño, y tenía aún el pelo medio húmedo, quizá difícil de reconocer. "Buenos días, ¿y tú quién eres?". "De tus hijos, el mayor", contesté acercándome más. "¿Y cómo has llegado hasta aquí, así sin gafas?". Entré en el jardín. "Incluso sin gafas veo lo suficiente como para caminar y no tropezar", dije esquivando algunos pedruscos que asomaban entre la hierba. "¿Y así no podrías ir a Canarias?". "No, sin gafas sí que no puedo conducir". Llegué hasta él, y mientras me abrazaba, preguntó: "Y en todos tus viajes por el mundo ¿encuentras algún consuelo?" Le besé, y respondí, queriendo dar una impresión optimista: "más o menos". Mi visión se enturbió entonces por culpa de unas lágrimas que afloraban, y me desperté. Lloraba mucho, quizá por la alergia.
2008/06/15
Paramnesia
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2 opmerkingen:
¡Madre mía! Menudo sueño... o menuda realidad... porque lo de soñar con tus vecinos en Madagascar tiene narices.
Por cierto, ¡gran sorpresa! Deberíamos formar un club. Yo aparecí una vez detrás de un tonel en un bar en el que estaban mis amigos jajaja.
Besos, L
Mi Avia me apareció de sorpresa de detrás de un contenedor de basura. Alo mejor no os parece una sorpresa romántica, pero si pensais en el tamaño de mi Avia (MENOR que el contenedor, por supuesto)y en su edad (en aquel momento, 85 años), os dareis cuenta de que en el mundo de la aparición familiar ella es realmente la MAESTRA.
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