
El cónsul de España es un impresentable, lo confirmo cada vez que me topo con él. La última hace un par de fines de semana, cuando nos fuimos a Breukelen (pronunciado casi como Brooklyn, pueblito cerca de Utrecht que da nombre al barrio de NY) a un congreso de la FAEEH.
La FAEEH no es un grupo guerrillero revolucionario. Es la Federación de Asociaciones de Emigrantes Españoles en Holanda. Organizaban una reunión de dos días en el hotel Breukelen (un sitio algo kitsch disfrazado de palacete chino, en cada rincón al borde de lo hortera pero indescriptiblemente con cierto encanto) para tratar temas de salud mental. No sé cuál será la composición general de las asociaciones, pero parece que a irse un fin de semana entero de excursión sólo se apuntan los jubilados. Habían invitado a Andrés y a Mara para que impartiesen uno de los talleres, y allá nos fuimos todos, Iago rebajando salvajemente la media de edad.
El cónsul estaba allí para inaugurar la cosa, y se quedó a la primera de las sesiones, la presentación sobre enfermedades psicosomáticas de una psicóloga que trabaja en un gran hospital de Alemania. El tiempo ha pasado desde que empecé a escribir estas líneas y ya no tengo la inspiración para contar todo lo que quería, así que lo resumo brevemente. Para que os hagáis una idea, la pregunta de uno de los asistentes a la ponente fue:
"¿Es cierto que las enfermedades sicomáticas son degenerativas, es decir, hereditarias? Porque si se transmiten por los genes, entonces todo eso que usted nos acaba de contar no tiene mucho sentido. Y eso de que los medicamentos actuales no tienen efectos secundarios yo no me lo creo, porque no hay medicamentos sin efectos secundarios, y si no los tienen es que no funcionan como medicamentos. Gracias."
O algo así. Y mientras la psicóloga le respondía como podía, al cónsul le sonó el móvil, a pesar de que el presidente de la mesa nos ordenó contundentemente a todos que los desconectáramos. Que menudo carácter tenía el presidente. Y el bueno del cónsul, al cabo de un rato y para apuntalar lo que respondía la experta a otra de las preguntas, que quizá el 85% de nuestros males más frecuentes tienen causas psicológicas de trasfondo, añadió, por eso de hacerse notar: "acabo de hablar por el móvil con el Dr. Fulano de Tal (porque yo, por razón de mi cargo, no puedo prescindir del móvil), que me espera en Utrecht para otro acto, que es hermano de Mengano de Tal, ambos hijos del eminente Dr. Megamano de Tal, el famoso psiquiatra, y que más de una vez me ha dicho en charlas privadas que quizá el cien por cien de nuestros problemas de salud, incluídas fracturas y demás, tienen componentes psicológicos". Tócate los güevos por razones de cargo, mira el cónsul revelando altos secretos de valija. Para eso sí que no hay vacuna, la tontería.
Tela también con las señoras que acudieron a los talleres, pero lo pasamos todos muy bien y todos aprendimos algo esa tarde. Pepe, un señor que lleva cuarenta años en Holanda, le dijo a Gemma la joven maestra que no podía castigar a sus niños si se portaban mal, o que al menos eso en España ya no funciona. Que hoy ya no le puedes poner la mano encima a un chaval, que te la arman. Esa noche tras la cena bailamos la Macarena, y entonces me retiré prudentemente. A pesar de la ironía con lo que lo cuento, la verdad es que lo disfruté mucho.
Al día siguiente nos escaqueamos del fregao y nos fuimos de paseo bajo la nieve por el pueblo, en el que sólo hay casazas y cochazos y un castillo como de Harry Potter donde la gente se gasta una pasta gansa en masters de bisnis adminitreison. Lindo de ver.
Eso fue ya hace tiempo. Mientras tanto Iago está aprendiendo a sentarse solo, ha pasado a dormir a su cuarto con notable mejoría en la calidad del sueño de todos, incluídos él mismo y la gata, y ha empezado a comer sólidos machacados. Le gusta el té negro sin azúcar, que bebe a cucharaditas. Xyrah y él se están haciendo amigos, y la negra se deja babear y tirar de los pelos con resignación amorosa.
Este fin de semana hemos celebrado mi cumple por todo lo alto con un plan sorpresa que Mara me tenía preparado: el viernes cena en el Hotel de Goudfazant, un lugar digno de ser repetido (hay que ir en ferry cruzando el río hasta una zona industrial, y allí perdido en una nave inmensa se come rico y a un precio muy sensato). Luego mi mujer nos llevó a Zandvoort aan Zee, a orillas del mar, a pasar dos noches. El sábado paseo matutino por la playa, y luego vino Jazmina a cuidar a Iago unas horitas mientras nosotros nos íbamos a Haarlem (otro barrio de NY) a meternos en la sauna. El domingo al regresar les hicimos una visita a Marta, Chris, Lara y Tess, que son unos primores. Todo el fin de semana resumido en un párrafo porque si no lo dejo pasar y acabo contándoos nada. Pero se resume todavía más diciendo que fue perfecto, una gozada, un plan inmejorable con mi estupenda familia.
Y las fotos tienen que esperar porque aún tengo las de navidades sin ordenar. Pongo una aquí que me gusta mucho, para darle alegría a la página.
¡Besos a todos, queridos!
2009/02/05
Cosas que pasan los fines de semana
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