Ayer celebramos en el jardín de su casa la boda de M y G.
La ceremonia la inició oficialmente el alguacil a las tres y media de la tarde, la ofició una funcionaria del ayuntamiento de Utrecht, y duró media horita donde todos los hermanos y hermanastros de los contrayentes hicieron un repaso a lo majos que son los dos y lo bien que están juntos. Todo bien, dentro de lo predecible, pero cuando habló M con su hija en brazos y nos contó a todos por qué quería casarse con G, y cómo a veces estando sentada en su cama con él al lado le invadía una sensación de asombro por lo inmensa que era su felicidad que la conmovía hasta las entrañas, a mí casi se me cae una lágrima. Mara, que desde la boda de Encarna y Jaime está más sensible a estas cosas, soltó una cuando dieron su consentimiento.
Si me pongo quisquilloso diría que ayer fue el único auténtico día de verano de todo el verano, con una luz espléndida y temperaturas rondando los veinticinco grados. Yo recibí mal las instrucciones a través de Mara y fui el único de los invitados no parientes que acudió de traje: todos los demás iban de colores variados pero sólo con camisa (experimentos sociológicos a los que son muy dados por aquí), así que mientras el sol cayó sobre el jardín con todos sus rayos yo me escondí entre los árboles para no sufrir tanto la radiación sobre negro. Porque eso sí, el traje, una vez puesto, no me lo quito ni a tiros. Luego quedó una tardiña fenomenal, amenizada por músicos "españoles" que no eran muy buenos pero que quedaban exóticos de fondo.
Charlé un buen rato con R, un chico boliviano de carácter amable y con esa manera de hablar tan delicada que tienen, siempre tan discretos. Había trabajado sirviendo cafés en un bar de rudos camioneros en algún lugar cerca de Valencia, pero dejó el país cuando empezó a notar que crecía la tensión contra la inmigración latinoamericana. Ahora vive en Estocolmo. Desde hace dos semana su novia holandesa vive con él allí. También estuve hablando con J.C., el novio del hermano de la novia, un mexicano de acento desaparecido que recientemente terminó su tesis en antropología urbana y que se está planteando abandonar el mundo académico para escapar de la mediocridad. Tuvimos una interesante conversación, hasta que me di cuenta de que estaba yo hablando demasiado y lo dejé libre para socializar con otros.
La comida, servida por un restaurante cercano y montada en la cocina de la casa, estaba muy buena. Cinco platos de ingredientes biológicos muy bien presentados, y algunos muy muy sabrosos (aunque el postre de bizcocho de chocolate no fuese gran cosa, pero es que preparar el chocolate a mi gusto no es fácil). No eran cinco platazos "de boda", ustedes ya me entienden, sino platillos refinados y de sabores creativos que disfruté mucho (polenta con berenjena, rollito de pato con fideos, pescado con hortalizas, ternera con puré de espinacas (humm!), postre). El vino estaba bueno, y la cerveza fresquita y recién tirada bajaba muy bien. El principal defecto es que no pusieron cuchillos y así la ternera se hizo algo complicada, pero todos los otros platos se comían bastante bien sólo con el tenedorcito que traían de la cocina. Luego café y puro (que me llevo conmigo para estas ocasiones), y contenerse con la bebida porque nunca se sabe si hay que salir pitando al hospital a parir a ese churumbel que Mara lleva dentro y ella no va a poder conducir a la vuelta. Pero pudo. Nos volvimos a una hora bien loca, las diez y media de la noche, tras haber pasado una tarde fenomenal.
2008/08/31
Más bodas de amigos
2008/08/30
2008/08/24
Fiesta en el barrio

Hoy se ha celebrado en el barrio la apertura de la Javastraat tras su remozamiento. Javastraat es la espina dorsal del Indische Buurt, el barrio más antiguo de la zona de Amsterdam donde vivimos, el Zeeburg. Es una zona tranquila y apacible, y tiene una colorista mezcla de gentes. Hemos ido con Silvia y Mirella. 
Había cuatro escenarios con músicas diferentes (caribeña, árabe, mediterránea y holandesa), y las actuaciones eran, sin llegar a buenas, sí muy entrañables. Nos encantó el señor que, él sólo con su guitarra, disfrutaba alegremente con sus canciones italianas. Entre actuaciones ponían chunda chunda en los altavoces, y eso me pareció demasiado ruidoso, pero hoy en día parece inevitable la vinculación entre fiesta y revientaoídos y hay que resignarse y no ponerse a tiro. También había músicos desfilando por la calle.
Siempre que paso por una de estas tiendas de "todos los éxitos de Bollywood" (y no son pocos) me acuerdo de Álex...
Como es habitual cuando hay fiesta en este país, había un mercadillo. Hemos comido köfte, un kebab de albóndigas de cordero, y me he comprado un par de libros de segunda mano (uno de ellos, La deshumanización del arte y otros ensayos de estética de Ortega, tiene una amorosa dedicatoria manuscrita de toda una página de un estudiante a su amada que se le va al extranjero durante unos meses. Termina escribiendo "te esperaré". Quizá su amada se quedó por aquí para siempre, o lo suyo no funcionó y quiso olvidarle, o no le gustó el libro... No sé si al comprármelo me interesó más el libro o esta dedicatoria).
Ayer estuvimos ocupados toda la tarde unos cuantos haciendo un montón de fotos chulas, pero como son para prepararle una sorpresa a alguien aún no puedo publicarlas ni ser más explícito. Ya llegarán.
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| Proef de Javastraat |
2008/08/13
2008/08/10
Nostalgias de veranillo
Ah, si pudiese trasladarme instantáneamente para tomarme una Estrella con mis amigos en el San Jaime...

Maxi "cozy"
Xyrah le ha encontrado inmediata utilidad al maxi-cosi:
Al principio del embarazo se volvió un pelín agresiva durante unos días (¿por el embarazo en sí, o fue casualidad?), pero ahora está tiernísima y cariñosa. A ver qué pasa dentro de unas semanas...

Ahora que estoy rescatando fotos antiguas, os pongo estas que llevo queriendo enseñaros hace tiempo. Son fotos desde muy cerca del mesado de piedra de nuestra cocina. ¿Qué veis en la primera de ellas, hecha con flash?
Esta segunda foto es exactamente la misma zona del mesado unos segundos después, pero ahora sin flash, dejando que entre la luz del sol por un lateral. De repente el agua se revela: antes, con la luz entrando directamente, su transparencia casi perfecta se manifestaba en toda su magnitud. Sólo cuando hay reflejos y sombras porque la luz entra con cierto ángulo respecto a nuestros ojos podemos percibir la presencia de agua... ¡y ni si quiera parece agua, sino cantos rodados dejados encima del mesado!
Ahora que sabéis dónde está el agua quizá podáis encontrar su perfil en la primera de las fotos, levemente visible.
2008/08/01
Cosas que olvidaba decir
Estando Llopis aquí hicimos mucho el tonto.
Sólo mi mujer se atreve a sentarse en el sillón de su abuelo, como si fuese el bisnieto el que está autorizado.
Mi amiga Nayeli es muy guapa.
Hoy, celebrando con Mara nuestro cuarto aniversario juntos, hemos cenado en un restaurante eritreo riquísimo, barato y divertido (de comer con las manos, je je, y la cerveza servida en una cáscara de coco), y después me disfracé de Mickey Mouse.

Y el otro día tomamos un tinto de la tierra de Vicente que estaba bien bueno: Murviedro.


