San Nicolás ya estaba de vuelta en España, donde vive todo el año, pero nosotros lo celebramos en su ausencia el pasado sábado con una cena de cocina colectiva, cerveza y vino, y un amigo invisible.
Para los que no lo sepan, Sinterklaas llega aquí un sábado de mediados de noviembre desde Madrid, donde vive todo el año y a donde se lleva a los niños cuando son malos. Llega a los Países Bajos en un barco de vapor (sí, desde Madrid, surcando el Manzanares), con un caballo blanco y acompañado de varios ayudantes llamados todos ellos Zwarte Piet ("Pedrito el Negro"). Seguramente es el mismo Piet, desdoblado en múltiples encarnaciones, y dicen que aunque parezca negro no lo es, porque no se vayan a pesar que es un esclavo o algo así. Es un ayudante blanco, teñido de hollín de bajar por las chimeneas. Así, si es un blanco pintado, ya no es denigrante, ustedes entenderán. Los niños, se imaginan, asumen estos argumentos con condescendiente indiferencia.
La cosa es que el Santo atraca en Amsterdam, tras la Estación Central, y la llegada y la cabalgata consecuente son retrasmitidas por televisión con gran ceremonia. Se pasa aquí unos días, deja regalitos ocasionales a los niños buenos que ponen su zapato bajo la chimenea (en su defecto, caso frecuente, vale al lado del radiador) con una zanahoria para el caballo (esto sin día fijo, según le dé), y se va el cinco de diciembre de vuelta a los Madriles paliando la penita en que nos sume con una última noche de grandes regalos. El amigo invisible se encarga de darnos nuestro regalo, que viene envuelto en una "surprise". Es el envoltorio manufacturado y el poema satírico que lo acompaña lo que más importa, ambos sumamente personalizados. Es lo que más trabajo da, también. Y es lo que nos pone creativos al menos una vez al año. Dankje Sinterklaasje!
Mark recibió de Mara una langosta para recordarle la dolorosa que le clavaron, ingenuo, en el Alameda por una mariscadita, acompañado de Andrés y Meintje. Rogier recibió de mí un pulpo para animarlo a vencer sus repulsas gastronómicas. A mí el Santo Niels me dejó una cunita para churumbeles, y Mara recibió de Monique un churumbel directamente, al que tuvo que cambiar el pañal y luego descabezar si quería encontrar su regalito.


Al final de la noche, como para incitarnos a sacar el champán, Rogier y Marjolein nos dieron una buena noticia: él le propuso matrimonio a ella cuando estaban sobre el Empire State hace unas semanas, (y ella, de ahí que la noticia sea buena, aceptó) así que tendremos otra boda pronto. En la última foto las chicas escuchan absortas los detalles de Marjolein.
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