2008/12/26

Efectos de la música sobre el espíritu




De las Musas y del flechador Apolo descienden los aedos y citaristas que hay sobre la tierra; y de Zeus, los reyes. ¡Dichoso aquel de quién se prendan las Musas! Dulce le brota la voz en la boca. Pues si alguien, víctima de una desgracia, con el alma recién desgarrada se consume afligido en su corazón, después de que un aedo servidor de las Musas cante las gestas de los antiguos y ensalce a los felices dioses que habitan el Olimpo, al punto se olvida aquél de sus penas y ya no se acuerda de ninguna desgracia. ¡Rápidamente cambian el ánimo los regalos de las diosas!

Hesíodo, Teogonía.

2008/12/21

Carácter español (1): a mala leche todo vuela

La semana pasada Gé, tío de Mara, me ayudó a subir una lavadora a casa de Nayeli. La hemos heredado de la abuela Oma y pesa una inconmensurable barbaridad. El caso es que intentamos subirla a pulso hasta el primer piso, por una de esas escaleritas estrechas y empinadas que hay en Amsterdam. Creí que dejaba allí la piel. En el primer viaje llegamos casi hasta el descansillo para descubrir que así no pasaba, así que de vuelta para abajo, con gran peligro, y a intentarlo en otra posición. Dios de mi vida. Me sangraban las manos. Yo lo daba por imposible, blasfemaba por dentro en varios idiomas, me repetía "ya sabía yo que esto era mala idea, era mejor comprar otra nueva, y que la suban los de la tienda, o alquilar el puto carrito".

Pero descubrí que Gé tiene ese mismo espíritu que conocemos en nuestro querido Jaime Franco o mi abuelo don Sinforiano. Ya saben, eso a veces es cabezonería pero que casi siempre es una enorme fuerza de voluntad (y no son las misma cosa; una, porque lastra, grave defecto, y la otra, que empuja, sublime virtud). Supongo que por eso nos gusta tener cerca a gente como Jaime o Gé para sacarnos las castañas del fuego: no porque tengan a priori solución para todo (aunque a la versatilidad de Jaime es difícil encontrarle límites), sino porque "rendición" o "aburrimiento" les resultan conceptos tan vacíos como a Juan el Miedo. Ese ánimo siempre me deslumbra y creo que tiene algo de redentor, por eso digo que es una virtud. Esta lavadora sube por mis cojones así me reviente la espalda y se me salga el alma por la boca. Y vaya si subió.

Pero por ser virtud no abunda y de lo que suele haber más en España es de la faceta viciosa: simple tozudez. (Otro día les hablaré de lo que pasa aquí en Holanda). Quizá es que ambas van muy juntas y hay que ser un gran tipo para separarlas. A mí, que estoy tan emocionable últimamente, el episodio con Gé me dejó además de dolores y marcas por todas partes una chispa de ilusión y de agradecimiento, consciente de la fortuna de ver el mundo iluminado por las virtudes de mis humanos queridos. Será el maldito espíritu navideño. Racionalmente sigo pensando que fue una idea malísima subir la lavadora de esa forma pero, seamos Francos, la razón es muy limitada y no puede ver muy lejos. La voluntad, señores, ah, eso es otra cosa. La voluntad ve mucho más allá, pasa por encima de lo racional, a veces comete locuras, y siempre nos salva.

2008/12/08

Cómo pasa el tiempo

Tengo tanto que contar, y tan poco tiempo para hacerlo...



Mi mujer aún no ha cumplido los treinta y mi hijo ya ha pasado los tres meses con sobresaliente alto, todo en el mismo día. Lo celebramos yendo a la piscina los tres juntos el martes por la mañana (pidiéndome unas horas de permiso vacacional, y preguntándome si toda esa gente que veía por la calle y en el bar donde luego tomamos el café también se había pedido un permiso, o no tenía que trabajar, o es que eran funcionarios españoles haciendo una paradita a media mañana, y que me disculpe la mitad de mi familia, que sabe que no va por ella). Bueno, a lo que iba. Fotos de las piscina y un vídeo en que Iago muestra lo bien que se lo pasa con sus amiguitos están donde suelen estar, y no digo más.

Pero, tal y como nos gusta hacer estas cosas, no lo celebramos sólo un día. Toda la semana fue de festejos continuados, el clímax el jueves noche (¡gracias a los servicios de nuestra primera canguro!) en una parrillada argentina de agárrate que hay curva y cágate lorito, Tango, recomendada por Andrés que tiene un gran olfato patrio. Cosa fina esa carne, y aunque las papas fritas eran de mentira y las empanadas sólo aceptables, todo lo que salió de la parrilla (carnes y sardinas) era de morirse de gusto y a un precio que nadie diría del mismito centro de Amsterdam. No es tan barato como el Entrevías, pero oye, lo tengo aquí al lado, ponen tangos, y tienen unos carteles fascinantes en las paredes.



El viernes pudimos estrenar por fin los devedés de Desperate Housewives 4 que le regalé a Maracita, y como quien no quiere la cosa nos hemos zampado ya unos cuantos episodios. Un día de estos, en los bares, les daré el plastadiscurso sociopsicológico que me inspira esta serie de televisión, que se resume (mucho) en: "es increíble: dan ganas de matarlos a todos y aún así te enganchan para el siguiente episodio". No me pongo tan violento como con The Office (eso es muy duro y require entrenamiento, aún no he pasado del tercer episodio y mi mujer ya no quiere ver ninguno más) pero casi. Es de otra manera. Menos deprimente, y con una trama sencilla que atrapa. Les daba así. Me gustan mucho.

El sábado fuimos los tres a la fiesta de cumpleaños de Emina, que tuvo que luchar duro y sacar a relucir todos sus encantos para arrebatarle el centro de atención a Iago, y sólo lo logró porque a este lo retiré a dormir un ratillo antes de volvernos a casa.



El domingo por la tarde vinieron amigos y parientes a tomar el café con tarta a casa, y yo me lo pasé de miedo jugando con Lara, la hija mayor de Marta, que es de morirse de la risa, además de más guapa que su madre, si es que eso es posible.




Ha sido una semana estupenda, que empezó el fin de semana en otra fiesta, la de la inauguración de la casa de Andrés, pero esas fotos están con las de Iago. Miren mi linda esposa, cómo reluce...




Y así transcurre la vida, con cosas buenas y bonitas, y yo pienso todo el rato "esto o aquello lo tendría que contar en el blog" y luego se me pasa, pero ustedes ya se hacen una idea y así yo no me tengo que poner pedante contándolo todo. Que ya lo decía Tolstoi: "todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera", así que qué les voy a contar yo.