2008/12/21

Carácter español (1): a mala leche todo vuela

La semana pasada Gé, tío de Mara, me ayudó a subir una lavadora a casa de Nayeli. La hemos heredado de la abuela Oma y pesa una inconmensurable barbaridad. El caso es que intentamos subirla a pulso hasta el primer piso, por una de esas escaleritas estrechas y empinadas que hay en Amsterdam. Creí que dejaba allí la piel. En el primer viaje llegamos casi hasta el descansillo para descubrir que así no pasaba, así que de vuelta para abajo, con gran peligro, y a intentarlo en otra posición. Dios de mi vida. Me sangraban las manos. Yo lo daba por imposible, blasfemaba por dentro en varios idiomas, me repetía "ya sabía yo que esto era mala idea, era mejor comprar otra nueva, y que la suban los de la tienda, o alquilar el puto carrito".

Pero descubrí que Gé tiene ese mismo espíritu que conocemos en nuestro querido Jaime Franco o mi abuelo don Sinforiano. Ya saben, eso a veces es cabezonería pero que casi siempre es una enorme fuerza de voluntad (y no son las misma cosa; una, porque lastra, grave defecto, y la otra, que empuja, sublime virtud). Supongo que por eso nos gusta tener cerca a gente como Jaime o Gé para sacarnos las castañas del fuego: no porque tengan a priori solución para todo (aunque a la versatilidad de Jaime es difícil encontrarle límites), sino porque "rendición" o "aburrimiento" les resultan conceptos tan vacíos como a Juan el Miedo. Ese ánimo siempre me deslumbra y creo que tiene algo de redentor, por eso digo que es una virtud. Esta lavadora sube por mis cojones así me reviente la espalda y se me salga el alma por la boca. Y vaya si subió.

Pero por ser virtud no abunda y de lo que suele haber más en España es de la faceta viciosa: simple tozudez. (Otro día les hablaré de lo que pasa aquí en Holanda). Quizá es que ambas van muy juntas y hay que ser un gran tipo para separarlas. A mí, que estoy tan emocionable últimamente, el episodio con Gé me dejó además de dolores y marcas por todas partes una chispa de ilusión y de agradecimiento, consciente de la fortuna de ver el mundo iluminado por las virtudes de mis humanos queridos. Será el maldito espíritu navideño. Racionalmente sigo pensando que fue una idea malísima subir la lavadora de esa forma pero, seamos Francos, la razón es muy limitada y no puede ver muy lejos. La voluntad, señores, ah, eso es otra cosa. La voluntad ve mucho más allá, pasa por encima de lo racional, a veces comete locuras, y siempre nos salva.

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