2011/02/11

Nuevas pistas

A Iago le gusta dibujar en el vaho de la puerta de la ducha. Todo lo que hace tiene forma de espiral emborronada, pero mientras garabatea va contando lo que pinta, y eso arroja nueva luz sobre el tema que me desvela. Esto es un conejo. Una galleta de conejo. Esto es una zanahoria. Esto es un Auw Ahkún.

De vez en cuando él lo menciona, o yo le pregunto. "Se fue a dormir", me dice mientras tomamos la papilla del desayuno. Yo le pregunto "¿el Auw Ahkún también come papilla?". Y la respuesta, tan dulce en su boca, me pone los pelos de punta: "no, come monos y come lobos".

Hace un par de semanas fuimos él y yo al Hermitage, a ver la exposición de Alejandro Magno. Subimos las escaleras a la primera planta (Iago solo, todo lo quiere hacer solo), y al salir del último peldaño, tras dar dos buenos pisotones para fijar la escalera en su sitio (del que no se moverá hasta el momento del descenso), mira a su alrededor, se asoma a un pasillo, y exclama "¿Auw Ahkún?". A ver si alguien en el museo nos ayuda a encontrarlo.

El otro día estábamos merendando con música de fondo, y sonó un solo de flauta espectacular. Y Iago dijo: "¡como el Auw Akhún!". Flautista y devorador de lobos, me pregunto si no será algún sátiro. "Flauta adentro", añade. O se la tragó, o es una caja de música.

Paseando por la calle, sin que yo oiga nada en particular, Iago se para a escuchar el silencio, y dice "¡canción del Auw Ahkún!". Su oído es más fino que el mío, a saber qué oye. Para mí es todo un misterio.

Y otro día, volviendo a casa y subiendo los cuatro pisos de escaleras (aquí no siempre quiere subir solo, el tío listo), suelta de repente: "¡dos mandarinas! ¡Como el Auw Akhún!". Siempre que habla de él lo hace exclamando.

Hay fotos y vídeos recientes en el blog de Xyrah.

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