2008/02/16

Coppélia

Ustedes, que son más cultos que la media de los lectores de este blog, sabrán seguramente que la familia Delibes ha proporcionado un buen puñado de benefactores a esta humanidad tan nuestra, especialmente en la modalidad de artista popular, aunque no sólo. Está por ejemplo Miguel, escritor vallisoletano apreciado por las masas por esa chispa suya tan castellana, y que llegó a estar incluso en la lista de los trescientos más vendidos en el año 1999. Este Delibes se maneja con soltura entre la novela ligera y entusiasmada y el romanticismo más convencional, favoritos de las multitudes (sólo los esnobs se deleitan con Dan Brown), aunque según sus minoritarios detractores siempre con escaso compromiso social o político. Como si a alguien le importase. Sus obras más conocidas, La sombra del ciprés es alargada o Cinco horas con Mario, son auténticos cantos a la inocencia y a la ilusión de la aventura de la vida. En El hereje, obra de madurez, contempla con optimismo los actuales conflictos perspectivistas de nuestro mundo globalizado, mostrando cómo en realidad siempre han estado ahí y nunca ha sido para tanto.

Un tío abuelo suyo no reconocido, Léo Delibes, fue también famoso en su momento al otro lado de los Pirineos (para los que creen que eso existe: para los otros todo esto es literatura, invención, no se me alteren) por sus composiciones musicales, no tan populares y alegres, pero con una gran carga destructiva de nuestras limitaciones físicas y que transportan al oyente a niveles profundos del subconsciente, haciéndole enfrentarse con sus fantasmas más terribles. La onda expansiva de este León de la música traspasa el arte: además de lo obvio de su influencia en Tchaikovsky, Debussy, Dylan, Jethro Tull o Marilyn Manson, es bien conocido que el Dr. Freud utilizó, durante el proceso de desarrollo de su teoría del psicoanálisis, orquestas de cámara interpretando piezas de este otro Delibes en el vestíbulo de su consulta como música incidental, tanto durante la investigaciones experimentales con sus pacientes como durante los procesos reflexivos y de escritura. Algunos ingenuos consideran todavía que esto era sólo un capricho estético o un método de distensión, el equivalente a llevar el iPod hoy en día sin hacerle mucho caso, pero para la mayoría de los estudiosos es evidente que sin ese impulso creativo tan iluminador y tenebroso al mismo tiempo, tan agitador de las miserias del alma que es la música de Delibes, el bueno de Sigmund sería hoy un completo desconocido.

Todo esta introducción mentirosa es para descontextualizarles un poco. El pasado jueves mi amada esposa me llevó secretamente al Muziektheater a ver el estreno de Coppélia, una producción de nueva factura de Het Nationale Ballet con coreografía de Ted Brandsen basada en el ballet clásico con música de Delibes. Me lo ocultó hasta el último momento para que la impresión fuese todavía mayor. Os lo aseguro: es un espectáculo que vale la pena. Es como ver una peli de Tim Burton, un cómic dibujado en ligne claire con toques de Miguelanxo Prado, un libro infantil ilustrado por Fiep Westendorp, una recreación de Grease en 1870, todo a la vez. El mérito visual en cuanto a decorados y vestuario es del dibujante Sieb Posthuma, pero todo el chou es impresionante.

La historia trata de un misterioso y estirado inventor con perilla, el doctor Coppélius, que en su clínica de cirugía estética tiene una muñeca danzante de tamaño real, Coppélia. Tan humana parece que Frans (Paco), un muchacho del pueblo, se enamora de ella, dejando de lado a su prometida Zwaantje (Cisnecita). Esta no se resigna al abandono y entra en la macabra clínica en pos de su amado, descubriendo sus terribles secretos. El final es más espantoso de lo que puedan imaginar, pero se lo ahorro por si pueden disfrutarlo en directo.

En YouTube tienen unos trocitos de los ensayos generales, con los que les dejo para terminar. Parece que falta en ellos algo de iluminación, y desde luego se echa de menos el calor del público que aplaudía hasta reventar a la menor excusa (y había varias), pero a pesar de que no muestran la función en todo su esplendor sirven para dar una idea de lo que les hablo. Prueben si pueden una pizquita de lo muchísimo que yo disfruté. No es broma: si pillan este ballet cerca, no lo dejen pasar.



El plano medio al final, acercándose el zoom a la bailarina, tiene su justificación dramática: a pesar de las apariencias esa que baila no es Coppélia, sino Zwaantje disfrazada de ella engañando al doctor para poder rescatar al pendón de su novio. En los vídeos siguientes podemos ver a los habitantes del pueblo, amigos de Frans y Zwaantje, bailando de contento en torno a los protagonistas.





Esta es la Coppélia verdadera cuando las amigas de Zwaantje la descubren en su caja de muñecos, desvelándose así el secreto de su naturaleza (con gran sorpresa del respetable):



1 opmerking:

Vicente Gurrea zei

Me encanta que descontextualices al personal. Hace tiempo llevé a cabo un ejercicio de mentira rampante. Son puestas en escena que me encantan.

Cuando Pietro Bassini escribió, en 1887, su "Teoría de los Errores Precarios" no podía imaginar la trascendencia que el pequeño libro tendría en años venideros.

La revolución Bolchevique empleó ideas de Bassini en la maquinaria que culminó en la ejecución sumarísima de Nicolás II. El Zar no había leído el libro. De haber sido así, su único hijo varón constaría hoy en los libros de historia como Alejandro VI.

Al entregar “Teoría Z” a su editor, Tsasumo Okeda olvidó deliberadamente incluir en el prólogo que la justificación magistral que emplea para las reacciones de un trabajador bajo circunstancias de necesidad y corresponsabilidad son copia literal del capítulo VII de la obra de Bassini donde habla de los errores con origen en respuestas instintivas.

Si ha tenido cierto predicamento la Teoría de la Liberación entre misioneros en la América del Sur, que termina en rebelión frente a los poderes dictatoriales, se debe a la inspiración que el jesuita alemán Hans Dieter obtuvo de la descripción que, con meridiana claridad, hacía Bassini de los errores por omisión.

Cuando la marcha roja de Mao cruzó la China, no fue más que la reacción natural a la masacre que llevó a cabo Chiang Kaisek con su ejército en los barrios portuarios de Shangai contra el levantamiento comunista. Si el general Kaisek hubiera conocido la teoría de los errores concatenados, hoy la China sería una gran segunda África en manos de pequeños califas tolerados por el amigo americano.

Walter Figgis da clases de Macroeconomía en la universidad de Columbia. Tiene 63 años. Hace 32 cayó en sus manos un ejemplar de la Teoría de Bassini. Tras leer el capítulo de Relación entre carencia por error deliberado y solución espontánea, comprendió que era fundamental permitir y fomentar el libre intercambio de información a través de un novedoso sistema de conexión entre ordenadores personales en el cual se encontraba trabajando como técnico experto. Propuso a sus jefes establecer un cánon de uso y dejar los canales de información libres para las propuestas de comunicación que fueran surgiendo. Lo despidieron. Hoy la red de redes ha abandonado la órbita militar y es lugar de encuentro para miles de propuestas.

Bassini no consta en la enciclopedia británica, su obra no aparece en el catálogo de ninguna biblioteca. Parece como aquellos que se acercaron al nombre secreto de Dios, que fueron fulminados, olvidados. En cierto modo Bassini fue borrado. Su obra recogía una bella y sencilla descripción de la naturaleza humana. A algunos les pareció que era peligroso que el común de los mortales comprendiera con sencillez el porqué de sus errores, que a la postre, condicionarían su vida. Dada su condición de religioso Dominico, fue recluido en un monasterio de donde no salió jamás. Fue enterrado en los jardines.

Pero su obra traspasó los muros de aquellos jardines. El secretario del cardenal Uhlmann, maravillado por la belleza de aquel pequeño libro, lo copió y lo dejó a leer a sus compañeros de reunión en el Círculo de Trieste. Comprendieron que toda luz pública sobre aquel escrito tan solo aportaría problemas y decidieron mantenerlo en secreto. De algún modo sinuoso, la obra ha encontrado el camino de llegar a ciertos ámbitos y ha tenido una influencia singular en los acontecimientos del pasado siglo XX.

Por supuesto que Bassini es una trola que te cagas que me acabo de inventar. Y que la teoría de los errores precarios NO. Joder, que resulta que parece que el libro en cuestión EXISTE. El título mola mogollón. Faltaría plus que el bueno de Troski hubiera encontrado la inspiración en semejante libro para acabar sus días con los sesos ventilados por el piolet de Ramón Mercader.