Nieva mucho, y mi mujer exclama por la calle "¡qué biruji!". Yo contesto con una barbaridad del tipo "a mi se me están helando los c*j*n*s y se me van a caer al suelo". Mi hijo se ríe. Tenemos varios centímetros en el balcón, y los niños hacen muñecos enormes abajo en la calle. He tenido que rebuscar en mi armario para sacar la bufanda, tanto frío hace. Iago ha contemplado el patio interior, todo blanco, con una cara de desconcierto y satisfacción que era todo un poema.
Puesta al día antes de vernos en Galicia (los que tengamos esa suerte). En diciembre hemos celebrado el cumple de Mara (que está hecha una chavala) con una fiesta en un café cercano, en Javaplein, donde lo pasamos muy bien guarecidos del frío que ya empezaba a manifestarse.
Iago está un poco malito, desde la segunda vacuna de la gripe ha enlazado una con otra: ahora tiene mucha tos, y no quiere comer casi nada, seguramente porque le duele la garganta. Pero el jarabe se lo toma tan lindamente, eso lo hace como un bendito, a pesar de que no le gusta mucho. Está muy majo y cariñoso, comunicándose perfectamente sin palabras.
Está experimentando con las comidas típicas de la temporada, incluido el chocolate de San Nicolás, que le apasiona más aún que las patatas horneadas de su madre. Intenta comer solo, con más o menos éxito, y si no le dejas hacer algo con las manos, cuchara y bote, se niega a comer, aunque tenga hambre. Así que las comidas son siempre un entretenimiento.
Esperamos que Iago y el tiempo se recuperen bien esta semana, para poder hacer el viaje a Santiago sin grandes inconvenientes y disfrutar todos juntos de las vacaciones.
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| Diciembre 2009 |

1 opmerking:
Qué biruji, qué rasca
Y mañana va a ser peor... –9
Besines
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